
En muchas ocasiones el aspecto de la persona influye demasiado para ser atendido o cuidado frente a ciertas circunstancias. Por eso hay que tener en cuenta que el ser humano ante todo está lleno de vida, y esto quiere decir que escucha, siente, piensa; por lo tanto el aspecto del ser humano no se debe valorar como algo sin vida, como algo inservible, por el contrario se debe tener en cuenta que como decía Mons. Sgreccia: “Si hay vida orgánica, hay vida de la persona y si existe una vida que biológicamente se puede constatar, existe una persona con toda su dignidad”.
Al decir esto se refiere a que toda persona sea cual sea su estado o diagnóstico, debe recibir el mismo trato que los demás, debe ser tratado con amor, afecto, respeto y sobre todo se le debe respetar su dignidad, sus derechos y su vida; se le debe dar sus respectivos cuidados y no considerarlos como una carga para nosotros como profesionales de la salud, dado que si tenemos una buena formación sabremos que estas personas son muy valiosas y les daremos el trato que se merecen; y esto también les debemos hacer entender a las personas de la sociedad que los rodean y sus familias, a las cuales debemos concientizar para que no las abandonen y les den un buen trato.

El aspecto de una persona, no debe ser valorado por lo que se observa a simple vista, el aspecto de una persona debe valorarse por lo que es, debido a que su dignidad se encuentra intacta y no podemos dañar su vida. Como personal de salud debemos respetar la vida los derechos y la dignidad.
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